lunes, 28 de noviembre de 2011


Ay! Si el tenerte es el perderte… Yo me levanto ahora por las mañanas con mucha dificultad. Como si tuviese pegante en los parpados… Y los abro para darme cuenta que no te tengo aquí a mi lado como lo prometimos. 



jueves, 24 de noviembre de 2011

De Frida a Diego

Diego:
Nada comparable a tus manos ni nada igual al oro-verde de tus ojos.
Mi cuerpo se llena de ti por días y días.
Eres el espejo de la noche. La luz violeta del relámpago. La humedad de la tierra.
El hueco de tus axilas es mi refugio.
Toda mi alegría es sentir brotar la vida de tu fuente-flor que la mía guarda para llenar todos los caminos de mis nervios que son los tuyos



lunes, 21 de noviembre de 2011

Diego al fin le escribe a Frida



"EL 13 DE JULIO DE 1954 FUE EL DIA MAS TRAGICO DE MI VIDA. PERDI A MI QUERIDA FRIDA, PARA SIEMPRE... DEMASIADO TARDE ME DI CUENTA DE QUE LA PARTE MÁS MARAVILLOSA DE MI VIDA HABIA SIDO EL AMOR QUE SENTIA POR FRIDA " Diego Rivera

miércoles, 10 de agosto de 2011

Kellogg's a la mañana


Un escrito de hace un tiempo...



Me encanta enrollarme en mis cobijas. Me encantan los kellogg’s a la mañana, reírme de todo lo que pasa.  Escribir poesía cuando encuentro la inspiración. El olor del oleo, que me abracen a la madrugada, y ver dormir a la persona que amo.

 Sino me abrazas te sacudo, sino  duermes te arrullo, si tienes hambre te doy kellogg’s, y si te produzco miedo te beso, y te repito que soy yo, y que eres tú, y que no  importan los demás… que soy tu chico, y que si soy un poco raro no es de aposta, que soy así, y quizá por eso mi viste entre la multitud… quizás por eso me besaste, quizás por eso me abrazas y dices mi nombre mientras duermes… quizás por eso pese a los meses y los años nos vemos y nos dan nervios… quizás por eso pese a todo, jamás nos hemos gritado, y nunca lo haremos…

Somos raros, y nadie entiende… nadie lo entiende, y a nosotros no nos importa porque nos entendemos a la mañana cuando nos despertamos con un beso, y ponemos películas de muñequitos, mientras lucho porque nuestros sueños no se mueran en el pavimento… 

jueves, 4 de agosto de 2011

De Andrés a Amy, de los 25 a los 27


Uno debe tener un límite de días hasta donde se puede volver atrás y empezar a comerse los días perdidos, para terminar con una deuda de mil y de allí en adelante vivirlos completos.
                                                                                                                                                Andrés Caicedo


Yo recuerdo, o creo recordar, que en años de adolescencia me hablaban de Que viva la música!, que nombre de telenovela de 8 pm, pensaba yo… Así pasaron unos años en que el destino, dirigido por dioses de ecuaciones y de humos azulados de cigarro, no permitieron que me topara con él, con Andrés, llevándome con asombro a una fría tarde en que en manos del teatro Matacandelas que Andrés llegara a mí, contundente, vivo, en un teatro libre de Chapinero a reventar.


Y pues ese mismo día, Angelitos Empantanados, fueron empantanándome la cabeza… que curioso, Angelita, mi Angelita me presentó a Andresito viendo Angelitos empantanados, y es que tengo los años suficientes para alejarme de la idea de que todo es una mera coincidencia… Un misticismo, fe llaman algunos, me arrojan en una piscina donde todo tiene una historia de eslabón, que se va juntando con el otro, y la otra y así hacernos uno solo.

Andrés, del que dicen que fue consumido por su propia angustia, viviendo en un mundo que le quedó pequeño, con sus lecturas continuas y su amor por el cine, las drogas, el licor y el amor a su juventud.  




Con Amy Winehouse el encuentro fue menos fácil, me la sugirieron y si bien quede impactado un brecha me separo rápidamente de ella, al creerla parte de ese renovado grupo de artistas que se hacen los “desequilibrados” para capturar adeptos, pero que todo es una fría mascara,  y estos quedan arrojados con más fuerza al mundo de lo corriente.

Pasaría más de un año, cuando al fin pude ver que era real, que su dolor interno lo hacia música, como algo tan malo puede ser tan bello? Sus movimientos descoordinados en vivo, su pelo revuelto de angustias, de cocaína, de susurros melancólicos de amores interrumpidos. 

Amy y Andrés, los incomprendidos, los atacados, los enamorados… Ahora sé que la originalidad está prohibida, que hay que hacer las cosas según un patrón y entre más establecido mejor, sentenciaba Caicedo, como si tuviesen camisas de fuerza de frías cadenas de hierro y encima una sociedad putrefactas que encierran lo que no pretende seguir el molde.

El 23 de Julio me desperté en mi tierra natal, hacía un sol que me llenó de energía como siempre… Desayunamos montones en familia reunidos, luego, horas después fuimos al cementerio, visitamos la tumba de mis abuelos, lloramos un poco, no pudimos evitarlo… Regresamos a casa, era medio día, reíamos, soñábamos con mundos mejores, con la esperanza de un mundo que no existe… Busque las noticias en internet y encontré para mi horror en la primera línea.. Amy Winehouse fue encontrada muerta en su piso en Londres… y entonces, en medio del desaire, de la frustración, pensé en Andrés Caicedo y puse Rehab mientras echaba un vistazo a Calicalaboso y el día se me fue muriendo, en las manos,  sin poder hacer nada para remediar en algo, el destino de los dioses musicales.

martes, 5 de julio de 2011

Retazos Vacacionales


Para Junio y Julio llega la tensa calma, y van quedando desolados los salones, con polvo amarillento; como si viniera del pasado esas diminutas partículas de oro de nuestros antiguos indígenas, echados a nadar en lagunas verdes de la sabana con la única esperanza de alivianar dragones en el fondo y princesas doloridas por errores productos de trampas y encerronas.

La calle 45 llegando a la carrera 30 está atascada, los carros están andando  a paso lento, son tortugas multicolores con sus cascos tostados por el sol. Las llantas se pegan más al pavimento, el cielo azul, los arboles de la Universidad Nacional se abanican, y por las ventanas del taxi entra un olor a eucalipto, con gusto a menta, pero quizá todo esto es imaginado e irreal. Como producto de una ensordecedora borrachera de cardúmenes de aves por el aire.

La calle por la que camino es profunda, desemboca en un muro duro, los pasos ligeros pero certeros, y en la mente un pensamiento fijo ¿Fue real? El cielo se va llenando de nubes grises, como si los dioses también vacacionaran y fumaran tabacos bajo las copas de frondosos árboles. ¿Acaso por eso es que en las vacaciones queda una pausa, pequeña, ínfima, en que nos preguntamos  por nosotros mismos?



viernes, 17 de junio de 2011

La Felicidad

Había  una vez?…. Nunca hubo nada.

Las noches Bogotanas no están cambiando… Es la piel cubierta de lanas y algodón… Las personas siguen pensando que todo es lo mismo, que nada cambia, se han estancando los días como cuando el inodoro se atascara en nada mas que mierda. Mierda en un miércoles lento, lánguido, no pausado, sino entrecortado, hasta el punto de abismo… El hueco… lo hondo…

Hoy estuve viendo fotos que no veía, bueno que no había visto nunca… Y me he querido echar a llorar, porque son muy bonitas, una pareja en la playa, una pareja que nunca he visto en combo, siempre separados… Y qué si se toman de la mano?  

En la ciudad todo huele a desolación, pero se ve la calle atestada de gente toda igual, como fotocopias, que entran y salen de arrumes de cajas de fósforos… Y la felicidad, ese instante que saluda y ya se ha ido.
 
Ya no me despierto más a la madrugada… Yo me despertaba y entonces corría un poco la ventana… Nuevamente los cerros… Nuevamente tu ausencia… y el frio… Pero ya no me despierto más a la madrugada.

La felicidad…. Es instante… La felicidad es: Los trenes, ella corriendo tras uno de ellos,  la carrera 4A, tu miedo, mi miedo, El Último Trago, las corbatas, las lagartijas, los cristales, los Kellog’s, la loca de mierda… No… eso no era la felicidad, era una felicidad…


Y estoy aquí en viernes tratando apenas de salir airoso en el reto aquel de demostrar que no todos los escritos son tristes, sino que existen otros en que recreamos la palabra FELICIDAD, sin que por ello no sea un poco dispersa  y lejana… La idea… el pulso… y las manos separadas.



De la misma creadora de Silba......


viernes, 22 de abril de 2011

Un olor a tierra negra...

Nota: Mi escrito no puede existir si la canción no existe... Que no he sido yo, sino una canción y un olor. Se puede leer y después escuchar la canción o las dos al tiempo. 



Las mañanas eran con un olor a tierra, esa tierra húmeda, con un rocio espectral en la madrugada hasta bien avanzada la mañana, cuando salía el sol, como viendo la tierra entrecejo y cejo. Siempre he querido poder escribir el olor, para que al pasar los ojos por las letras un frio recorra la nariz y la garganta.

Me levantaba y encontraba un prado verde, arboles que se iban cerrando ocultando un bosque tímido y vivo.  Un cielo azul, y un frio que iba mojando por entero mis piernas, mientras los dedos de los pies se llenaban de tierra negra y pequeños trozos de pasto seco. Mi destino un árbol chico, de grandes naranjas secas, verdes, amarillas, pero siempre paludas como sentenciaba mi mamá viendo desde lo alto, en una ventana con cortinas de lado y lado, de materas rojas (o algo así recuerdo): Pablo, esas naranjas están paludas. Yo agarraba una o dos, dependiendo de la altura y el color, y corría entre mis perros y los cachivaches descompuestos de mi papá, subía a toda por las escaleras hasta la cocina, donde mi mamá aun en pijama se desperezaba entre el café y su mirada perdida en los arboles… años tenían que pasar que entender al fin la complicidad entre sus ojos, las hojas y el silencio.

Mi mamá cortaba mis naranjas, y efectivamente estaban secas, las miraba y me decía, ¡Uich no! ¿Cómo te comes eso?. Yo las agarraba y me iba comiéndomelas al tiempo que me sentaba en las poltronas de la sala que eran (¿Son?) de una tela de hilos beige, café y negro.  Debajo de los cojines se metía el control de metal gris que yo mordí hasta borrar las letras y números, pero eso no importaba, porque me los sabía de memoria.  Y así, me iba comiendo mi naranja, hasta acabarla por completo,  porque a mi siempre me gustaron así secas. Con el tiempo he vuelto a eso, a que no importe que le guste a los demás, sino que me haga feliz a mí.

Al rato mi hermana y mi papá me llevaban de la mano por la calle hasta donde mi abuelo. Habían unas flores pequeñitas rosadas que colgaban de las cercas y que mi hermana a veces descolgaba, se ponían a  jugar a las reinas, y a mi me ponían de público a aplaudir a la que fuera más bonita. Siempre ganó mi hermana, lo que las amigas no supieron es que ganaba no por ser mi hermana, sino por ser ella, siempre fue la más bella. 

La casa de mi abuelo tiene un patio ancho, en esa época hacia un lado estaba un guayabo que lo cubría todo. Al llegar ya se respiraba la fruta madura y King, un mico que no sé porque vivía allí. El nos recibía siempre todo feliz, porque le traíamos colombinas o grillos. Los grillos yo no los agarraba, era mi papá el que los cogía y se los daba… Mi abuela siempre salía al paso de la cocina, su habitual  sonrisa. Me besaba las manos, la frente, las mejillas, me agarraba de la mano y tarde entendí que esa era la felicidad.

Desde lo alto, por una baranda que da al patio mi abuelo salía a paso lento y firme, con sus lentes grandes bifocales y un pelo plateado y liso, y aun desde arriba me gritaba, MUÑECO.  Empezaba la labor diaria de bajar por la escalera, con unos barandales que desde que tengo memoria se mecían de lado a lado; no sé si aun se mueven, no he querido volver; y al llegar abajo nosotros nos arrojábamos a sus brazos, mientras el buscaba su silla señorial, de un metal pesado y parco, con un color pelado de verde claro.  

Mi abuela ya tenia listo el tinto, que servía caliente  en unos pocillos con la figura de Juan Valdez y en letras del mismo tono “Café de Colombia”. Mi hermana se sentaba en un escalón que se formaba entre el patio y el pasadizo al baño y tomaba su café con limón. Yo no recuerdo donde me sentaba, a veces en el canto de mi abuelo, pero cuando no era recostado en él supongo que en cualquier silla o banco propios del campo.

Miércoles 20 de abril de 2011, me desperté de golpe a las 6:00 am de la mañana, un sueño estrepitoso, un frio paralizante, y aun entre sueños sentí ese olor a tierra húmeda, cuando se me despejó la vista, encontré para mi horror y mi desdicha que estaba en un apartamento en lo alto de un edificio en la ciudad Bogotá, muy lejos de todos,  con la cocina vacía, y que al salir no encontraría las cercas ni las flores rosas, y que mi abuelo Pablo y mi abuela Emilia nunca más podrán tocarme o besarme… Y el quedar huérfano para siempre de su voz gruesa diciéndome muñeco.


miércoles, 13 de abril de 2011

Llovió



Llueve lento sobre mi espalda…
Llueve sobre mi pelo pelón…
Llueve en Bogotá por un cielo sangriento…
Llueve en mi corazón acorazado…
Llueve en mi idea de escritor fracasado…
Llueve sobre tu cama de rojos claveles…
Llueve sobre los ojos…
Llueve unas letras salpicadas de recuerdo…

lunes, 11 de abril de 2011

Carta desde la ventana

Te escribo esta carta, viendo desde mi cama el cerro verde, todo tupido. En las madrugadas cuando me despierto y entre abro la cortina las luces de las lámparas de la Cr 4ª no me dejan ver las montañas, y es mayor mi desdicha de encontrarme despierto a esa hora sin poder verlas, porque eso es lo que me pone un poquito feliz y esperanzado.

Yo creo que me será muy difícil si tengo que mudarme a una casa donde no pueda ver montañas, porque son como mi escape en la ciudad… Se escucha como un ruido de sirena que se está abriendo paso por la Cr 7ª, ira de sur a norte porque está ya el contraflujo… Cuantas cartas se abran enviado hace muchos años y no llegaron finalmente al destinatario? Si bien porque se perdieron en un barco, en una mula, o porque nunca se dio el paso firme del remitente hacia la empresa de mensajería, al esclavo, al corral del ave mensajera o hasta la computadora.

Tal vez leas mi carta… Le he agarrado pereza a los boleros, esos son taladros, ya no pongo nada de eso… Hoy mientras hacia mercado por los parlantes pusieron en la voz de Sole Gimenez esta tarde vi llover… Yo no sé si me extrañas o me engañas, solo sé que vi llover, vi gente correr y no estabas tú, juro que si hubiese estado lloviendo en ese momento te hubiese escrito eso en un msj, pero hoy ha hecho sol…

Aun me esta costando levantarme los domingos a hacer el desayuno, ya cuando ando al límite de tiempo para salir a correr a la ciclovía hago lo de siempre, unos Kellog’s con leche, pero le he agregado al menú un sanduchito, resulta que ahora si hago mercado, y camino entre las filas de cosas del supermercado y me siento entre anciano y evolucionado, esas cosas raras que me dan a mi por pensar.

Tal vez leas la carta y sientas que no te la estoy enviando, porque quizás no esperas que la envíe a ti, pero eso es un problema que está solo suscrito a ti, a tu decisión, por mucho tiempo no has querido ver las cosas y te das la espalda, y esta es otra oportunidad que tienes para hacerlo.

He olvidado un poco la vida que tenia al lado de Odín, son ya 6 meses. Desde ese entonces me ha dejado devastado el corazón con su ausencia, pero uno se va acostumbrando y va olvidando, y así nos pasa con el tiempo con absolutamente todo lo que alguna vez quisimos y ya no está…



miércoles, 12 de enero de 2011

Enero







Espesos lirios fluorescentes
Las escalinatas estrepitosas de besos agarrados al compás
Entre largas risotadas en la noche atiborrada de miradas
Plateados aleteos de abrazos rítmicos en las curvas
Como torres altas de porteros custodiadas

Jadeantes sexos de fuerzas y salivas
Dorados sueños en meses agolpados
Olvidos olvidados de dolores que no cesan
Tus miradas con las mías perenes en tibios olores Bogotanos
Como tu piel en la llovizna de mi sudor almidonado

Esperanzas que se pierden entre puñales gritos a lo lejos
Mi cuerpo que se aparta en una carrera impensada
Tus anchos brazos lejanos de mi espalda
Por tu impetuosa mente que corre por otoños amarillos casi invierno
Y mi pecho todo entero tuyo, solitario que dejas en el tiempo…



martes, 21 de diciembre de 2010

Desnudez

Hoy me desperté pasadas las 2 pm, como en tiempos pasados, no antiguos, decirlo sería estar en una pretensión inimaginable, ya que lo antiguo es lo que dejó una huella imborrable, como el David de Miguel Ángel, o como a2+b2=c2 eso es una antigüedad prolifera, a la que uno se remonta a diario…. Pitágoras sí que marcó de muchas formas, a mi me llegó una mañana de 2000, en realidad fue mucho antes pero sólo hasta ese día pude ver de manera mas o menos clara de lo que hablaba el loco, luego con más contundencia, cuando los vitrales de las catedrales y los sonidos de las cuerdas de las guitarras dieran un campanazo de armonía universal y natural, y esa extraña música de las esferas que aun trato comprender. He sentido con gran asombro y un tanto de ingenuidad que esta sencilla ecuación lo contiene todo, el sonido del mar, las caricias en la espalda salpicada de arenas diminutas en conjunto, los besos, las risas, los centros de las flores, y las líneas que van de los bordes a los centros en los ojos claros.

Hoy me desperté pasadas las 2 pm, mi cuerpo desnudo entre las cobijas, afuera la ciudad, el murmullo, el maúllo de gatos de acero, los acentos múltiples y esquizoides, los taladros por las paredes y un cielo pausado de grises y gruesas nubes balanceados por el tiempo y por el viento. Luego vino a mí esta idea, no nueva, sino que venía pensando desde días, de escribir desnudo, no solo con mi cuerpo, sino descapotando los pensamientos de miedos, de mentiras, de escalones a la nada, al misterio interminable de los pensamientos, los míos y aun mas enroscados los tuyos, del lector, de la amiga, del que pasó de pronto sin detenerse, y del que se piensa en el pasado.

Las conclusiones son diferentes a las que en primer momento llegué a imaginar, más por ligereza que por convencimiento, si bien la desnudez del cuerpo en mi caso significa un evento complicado, una invasión del mundo a algo que uno tontamente cree íntimo,  y no ante uno mismo, sino ante los otros, en mi caso siempre escéptico y prevenido, creyendo que es más fácil cuando es de a dos que de uno sólo. Sabiendo esto dije, la desnudez del cuerpo es mas difícil que la desnudez del pensamiento,  con la idea de tener la suerte de la sensatez, que tonto he sido.

¿Qué puede pensar una chica que se dedica a bailar  y ha desnudarse en un bar?, la entiendo un poco, ¿Complicado? No lo dudo, pero ¿Qué pensará ella? ¿Quién podrá saber que es lo pasa como un fogonazo por su mente cuando esta plantada en medio de la cocina viendo por la ventana los edificio y los carros, mientras fuma un cigarro que lo inunda todo con ese olor repugnante y enviciador? Nadie, cualquiera puede ver su cuerpo, su culo, sus tetas, pero no lo que le duele, lo que le gusta, a lo que teme y qué decir de lo que ama.

He tenido la oportunidad de desnudarme de cuatro formas:

1-    Por un simple arranque de desenfreno sexual en una noche caliente, caliente los alientos, caliente la entrepierna, caliente la cabeza. 
2-    En momento de intimidad con alguien que se quiere, donde además de lo anterior se tiene caliente el corazón (corazón como la reiterada metáfora de… bueno si lo diré: amor)
3-    Por obligación, en el médico, ésta la menos importante de todas.
4-    Para un escrito en el que deseo desnudar algo mas que a mi yo exterior


Pensé escribir sobre lo que siento realmente en este momento, sin miedo a la lectura, pero ha sido bueno darme el golpe, entender cuanto me engaño a esperar encontrar la formula mágica de un pensamiento claro y libre, desparpajado, sin la duda, sin el miedo… Y todo se me da vuelco al ver que fácil ha sido desnudar mi cuerpo por encima del pensamiento.



Nota: Debo disculparme con el pobre Pitágoras y Miguel Ángel que resultaron metidos en este disperso escrito, como dicen por ahí, sin tener velas en este entierro.


viernes, 3 de diciembre de 2010

THE PILLOWMAN (cuento) Martin McDonagh

Mil gracias a Dianita Alba por compartirme este bello cuento transcrito...

 
Había una vez… un hombre, que no se parecía a los hombres normales.

Medía casi 2 mts. Y medio de alto y estaba totalmente hecho de almohadas esponjosas color rosa; sus brazos eran almohadas, sus piernas eran almohadas y su cuerpo era una almohada. Sus dedos eran pequeñas almohaditas y su cabeza era una gran almohada redonda. Sus ojos eran como dos botones y su boca era grande y sonriente. Hasta se le podían ver los dientes, que también eran pequeñas almohaditas blancas.

Bien, el hombre almohada tenía que verse suave y seguro porque su trabajo era muy triste y difícil…

En los momentos en los que alguna persona estaba muy triste porque había tenido una vida atroz y solo quería terminar con ella; sólo quería quitarse la vida para así deshacerse del dolor, con una hoja de afeitar, con una bala, inhalando gas, o saltando de algún lugar muy alto … Exactamente en ese momento, el hombre almohada lo encontraba, se sentaba a su lado, lo abrazaba suavemente, y le decía: -“Espera un momento”- y extrañamente el hombre almohada volvía el tiempo atrás, cuando esa persona era apenas un niño y la vida horrorosa que iba a tener aún no había empezado.

El trabajo del hombre almohada era hacer que ese niño o niña se suicidara, y así evitar los años de dolor que los llevaría, de todos modos, al mismo lugar: frente a un horno, frente a una pistola, frente a un lago.

-“¡Pero nunca escuché de un niño suicidándose!”- podrían decir. Bueno, el hombre almohada siempre sugería que lo hicieran de una manera que se viera como un trágico accidente: les mostraba el frasco de pastillas que se veían como caramelos, les mostraba el lugar del río donde el hielo era más frágil, les mostraba la bolsa de plástico que no tenía agujeros para respirar y exactamente como ajustarla…

Pero no todos los niños querían seguir al hombre almohada. Hubo una niña, muy alegre, quien realmente no creyó cuando éste le dijo que su vida podría ser horrible, que su vida sería así… Entonces lo echó y el hombre almohada se fue llorando a mares.

A la noche siguiente la niña escuchó un golpe en la puerta de su habitación y dijo –“¡Ándate hombre almohada, te he dicho que soy feliz, siempre he sido feliz y siempre seré feliz!”- Pero no era el hombre almohada. Era otro hombre y su mamá no estaba en casa. Y este hombre la visitaba cada vez que su mamá no estaba… Tiempo después ella se puso muy triste, y cuando tenía veintiún años y estaba sentada frente al horno a punto de suicidarse, le dijo al hombre almohada: - “¿Por qué no trataste de convencerme?”- Y él le respondió – “Traté de convencerte, pero eras demasiado feliz”- Y la niña, mientras encendió el gas, gritó lo más fuerte que pudo: -“¡Yo nunca he sido feliz!”-

Cuando el hombre almohada tenía éxito en su trabajo, un niño moría de forma horrible. Y cuando el hombre almohada no tenía éxito, un niño tendría una horrible vida, crecería, sería un adulto que tendría una vida horrible, y moriría de forma horrible. Por esta razón, el hombre almohada lloraba todo el día.

Fue así que decidió hacer su último trabajo: cargó una pequeña lata de nafta y fue hasta un hermoso arroyo que él recordaba de cuando era niño.

Cuando llegó, se sentó bajo un árbol y descubrió que a su alrededor había un montón de juguetes; un autito, un perrito de juguete y un kaleidoscopio. Cerca de allí había una casa rodante y el hombre almohada escuchó la voz de un niño que decía: -“Voy a salir a jugar, mamá”- y la mamá le dijo: -“No vuelvas tarde para tu merienda, hijo”- “No, mamá”-, respondió el niño. El hombre almohada escuchó pasitos que se acercaban… Pero no eran de un niño, eran de un pequeño niño almohada que dijo: -“Hola”- y el hombre almohada dijo: -“Hola”-. Los dos se sentaron bajo el árbol y jugaron un rato con los juguetes… El hombre almohada le contó sobre su trabajo triste y los niños muertos. El pequeño niño almohada entendió enseguida, porque él era un niño muy feliz, y sólo quería ayudar a la gente. Y sin decir una palabra más, el niño almohada se echó encima la lata de nafta y el hombre almohada dijo: -“Gracias”-, el niño almohada dijo: -“No hay problema. Le contas a mi mamá que no voy a volver a tomar el té”- y el hombre almohada dijo mintiendo: -“Sí, por supuesto”-. El niño almohada encendió un fósforo, y el hombre almohada se sentó allí viendo como el niño se quemaba. El hombre almohada, empezó a desvanecerse y lo último que vio fue la boca feliz y sonriente del niño almohada. Lo último que escuchó fue algo que ni siquiera había contemplado. Los gritos de cientos de miles de niños a quienes él había ayudado a suicidarse, volviendo a la vida y teniendo que seguir adelante con sus frías y desdichadas vidas porque él no había estado allí para prevenirlos. Hasta escuchó los gritos de sus muertes, tristemente autoinflingidos, que esta vez, claro, iban a tener que cometer completamente solos.