martes, 27 de julio de 2010

Say Good Bye


 



Uno va corriendo siempre. Al trabajo, al bar, al restaurante, de paseo, a la notaria, a todos lados uno va corriendo. La visión maravillosa de la que habló Ely en una canción fue la que me movía a que pese al acelere de las 10 am ver todo un poco en calma… A fijarme en el bus que pasa, en la señora con ese aspecto duro que esta en la ventana que queda justo detrás de la del conductor mal humorado y huraño por la labor continua y monótona de la vida. 

Como cuesta decir adiós, y uno se la pasa despidiéndose con rapidez también de las personas, al tomar un taxi, al ir a la oficina de al lado… y estos adioses son igual de definitivos. Uno no sabe cuando es el momento del último beso, del último abrazo, del último instante de un par de manos enlazadas debajo de una lámpara en plena hora oscura… o en que momento uno se gira dejando atrás en la cama, tendida a una persona con la que pasó tantos años… a la que abrazo tantas veces, y que ya no esta más… en términos prácticos ha desaparecido, iras a su casa a encontrar la sala aun mas vacía, fría, ausente, perdida en un tiempo remoto que se ha muerto también.

También duele decir adiós a los que se quedan vivos, caminando por la candelaria, mañana por chico, pasado mañana por chapinero… Estando en contacto con la naturaleza y la tranquilidad de mi casa de infancia he vuelto a sentir ese deseo de normalización, de repreguntarme en que momento empecé a escribir intentos frustrados de poesía, en que momento me apasione de tal modo por ver un cuadro o una escultura, en que momento empecé a ver la vida a través de un lente, causando para mi desgracia quizá que perdiera la capacidad de no actuar con “normalidad” en mi vida, de hablar de temas gastados, de lo que dijo fulanito, de que es mejor llevar el pelo planchado, de que es bueno ser orgulloso con las personas que uno quiere, de que a veces hay que jugar juegos de desencantos, de ya no te quiero, de si te quiero pero quiero mas acostarme con la nena que nos esta viendo en la distancia… En cambio tengo poesía, a quien carajos le interesa la poesía estos días?, tengo la fotografía, a quien le interesa una foto de dos zapatos juntos y luego otra donde están separados? A nadie… ¿Y es cuando me repregunto como pude adoptar como normal y cotidiano en mi vida algo a lo cual nadie le interesa?… Como cuesta decir adiós, ese adiós aplastante que la muerte cierne en la yugular de los sentidos, que trastorna… Adiós también le dije a los juegos, a jugar juegos con el otro, un adiós que los dejó lejos… Debo aprender a jugar, a decir mentiras, a no decir que siento, que pienso, reaprender a no escribir poesía, reaprender a ver la vida simple, guarra, práctica y baladí. Pero eso si, el adios que deja la muerte se lleva todo, no me dejó nada de ellas, los recuerdos que voy perdiendo y que terminaré por olvidar, los otros adioces son temporales, las personas quedan, siguen viviendo y eso alienta, pero la muerta se lo come todo y lo deja a uno con hambre.